Bebí agua, me tranquilicé y continuamos con la estúpida escenita.
- Está bien- comenzó Smith-. Se la acusa de asesinato, señorita Logan.
La palabra asesinato provocó un efecto bastante chocante en mí. Más bien, me dejó en estado de shock. Fue una sensación imposible de explicar, parecida a como si se me cayera todo el mundo encima. ¿Asesinato? ¿ASESINATO? Dios mío… Aquello tenía que ser una broma de muy mal gusto. ¿A-S-E-S-I-N-A-T-O? Cuanto más la pensaba más estúpida me parecía la idea. Socorro… - pensé-.
- ¿Qué? Eso es una auténtica estup…-me apresuré a decir, antes de que me cortara el hostil agente.
- No me interrumpa. Ahora, hablamos nosotros, lo debería tener ya muy claro.
- Continúo yo-apuntó Fisher-. Hemos recibido información, denuncias y alguna que otra posible prueba de que usted es la responsable del asesinato de Mr. Bryan, un profesor de la universidad de Cambridge, de nuestra universidad.
- ¿Por qué iba yo a asesinar a ese profesor?
- ¿Ha estudiado usted alguna carrera, señorita Logan?- preguntó Smith-.
- Sí, me licencié en periodismo en la universidad de Cambridge hace seis meses.
- Curiosa coincidencia… ¿Fue Mr. Bryan profesor suyo?
- Quizá durante alguno de los años me diera alguna asignatura, sí.
- ¿Quizá?
- ¡No lo sé! No tengo buena retentiva para los nombres, y menos si son profesores.
- ¿Suspendió alguna asignatura, Lucy?- preguntó Fisher-.
- Sí, me quedó una en segundo de carrera, la recuperé al año siguiente. ¿A qué viene todo esto?
- ¿Era Mr. Bryan su profesor en esa asignatura?
- Posiblemente. ¡Oh, no puedo soportar esto! Yo no he sido, por el amor de Dios… ¡Si estuviera aquí Paul os podría decir lo buena que soy!-Paul era mi novio-.
- ¿Posiblemente?
- ¿Cuál era el nombre de Mr. Bryan?
- Charlie, Charlie Bryan-respondió Smith-.
- ¿Charlie? Sí, fue mi profesor durante aquél año. Oh, mi querido Paul, si estuvieras aquí…
- ¡No me interesa Paul!-gritó Smith-.
- No diría usted eso si lo conociera. Es tan gentil, amable, cariñoso… ¡Es tan increíble!
- Señorita, ¡por favor! Vamos a lo que vamos. ¿Dónde estaba usted ayer por la noche?
- En casa, con Patty.
- Hay vecinos que afirman que usted salió de su casa a las doce de la noche, vestida de negro y muy nerviosa-apuntó Fisher-.
- Salí a tirar la basura, y claro que estaba nerviosa. Me acababa de pelear con Paul. ¡Menos mal que después me llamó y arreglamos las cosas! Oh, es tan, tan adorable…
Sí, estaba bastante obsesionada con Paul. Lo echaba de menos, y temía no volverlo a ver.
- ¡Deje ya a Paul!-exclamó el agente Smith-. Señorita Lucy, ¿está usted segura de no haber asesinado a Mr. Bryan?
- Claro que sí. ¿Por qué iba a hacerlo?
- Porque era su profesor, lo odiaba y le suspendió durante todo un año. Por su culpa tuvo usted que repetir esa asignatura al año siguiente, lo que no le sentó nada bien. Además, hay fuentes que afirman que era la pareja sentimental de su viuda madre. Y, por si fuera poco, las iniciales L.L. estaban escritas en el cuerpo de Bryan.
- ¿Que Charlie estaba con mi madre? Mamá, por favor, cuántas veces te he dicho que con esa clase de hombres, no…
- ¿Esa clase de hombres? ¿Es que tiene algún problema con Mr. Bryan que nosotros no sepamos?
Me habían encerrado, no tendría cómo escapar. Ya no me creerían, y no podía soportar la idea de que me encerraran cuando yo era inocente. Entonces, como si un ángel la hubiera mandado desde el cielo, una agente entró en la habitación.
- Smith, Fisher, no hace falta que sigáis. Han encontrado al verdadero asesino, un tal Lazarus Lynn. Pueden soltar a la joven-informó la agente-.
- ¡Vaya! ¡Por fin alguien con un poco de cordura en esta comisaría!
- Cachis, ya la tenía… Está bien, Margaret, puede irse. Y usted, Logan, ha tenido suerte- dijo Smith mientras me quitaba las esposas. Por fin libre-.
- Ya se puede ir, Lucy. Gracias por su colaboración-se despidió Fisher-.
- Adiós. Me gustaría dar las gracias, pero no lo veo necesario-dije disgustada y saboreando la libertad-.
Salí de la comisaría tan rápido como pude, y volví a sentir el aire en mi rostro. Libertad, bendita libertad. No había estado arrestada más de tres horas, pero fueron las suficientes para hacerme creer que no volvería a ver la luz del sol. Acto seguido, cogí mi móvil y llamé a Paul, quería que me recogiera.
- ¿Paul? Oh, ¡cariño! Necesitaba tanto oír tu voz…
- ¿Lucy? ¿Estás bien? ¿Ha pasado algo?-dijo mi novio preocupado-.
- No te vas a creer lo que ha pasado. Estoy en comisaría, he estado tres horas arrestada y he sido acusada de un asesinato. Ya me han soltado, ¿puedes venir a recogerme y te lo cuento con más tranquilidad?
- ¿Qué? Ahora mismo voy para allá-se apresuró a contestar Paul. Menos mal que lo tenía a él.- No te muevas de allí, cielo.
- Está bien, te espero aquí mismo. Muchas gracias…
- No tienes que darlas y lo sabes.
- Ay, menos mal que ya se ha acabado todo-le comenté en un suspiro ahogado mientras bajaba las escaleras de comisaría. Pensaba esperar a Paul sentada en la acera, lo más alejada posible de aquél infierno lleno de agentes hostiles, rancios y mudos.- ¡Es tan fácil que te descubran cuando has cometido un asesinato!
FIN
M.
No hay comentarios:
Publicar un comentario