24.7.11

pensamientos accidentalmente intencionados

Un bonito día, una bonita tarde, una bonita noche, un bonito lo que sea, te encuentras en tu cama. Tirada. Sin hacer nada. Entonces, millones de sentimientos invaden tu cuerpo, y tu cabeza se comienza a llenar de pensamientos no deseados. No quieres pensar, simplemente quieres seguir como antes, con la mente en blanco. Así es todo mucho más fácil, ¿verdad? Sin embargo, una parte ciertamente masoquista de tu cuerpo desea pensar, ansía conocer las circunstancias de tu vida. Anhela conocer la verdad. A pesar de que la mayoría de tu cuerpo desea mantenerse al margen de dichos pensamientos, esa parte masoquista sale finalmente victoriosa.

Y te pones a pensar, y caes en la cuenta de que es mejor no hacerlo. Porque son cosas que duelen, cosas en las que querrías no pensar, cosas que no quieres que pasen, cosas que juegan con tu vida. Cosas que te callas, sin saber bien la razón. Y entonces maldices el momento en el que empezaste a pensar, porque ya no hay vuelta atrás y los sentimientos han empezado a hacer mella en tu interior.

Y sigues pensando en contra de tu voluntad, la cabeza se acaba de independizar del resto de tu cuerpo. Y piensas que hay cosas sin las que no podrías vivir bajo ningún concepto. Cosas de las que, sin embargo, te tienes que ir olvidando; y aparecen otras cosas a las que habrá que acostumbrarse.

Y no puedes dejar de pensar. Y descubres que lo único que quieres es irte lejos, de todo y de todos; o aislarte del mundo en su defecto. Que lo necesitas, necesitas pasar de la vida, necesitas ir a tu aire, olvidarte del mundo real, de la sociedad, y de las cosas que duelen. Y piensas que eres una cobarde, y que lo que menos quieres es olvidarte de esas cosas que te sustentan y forman una gran parte de ti. Pero también piensas que te ves obligada a hacerlo, y por consiguiente, a huir como la mísera cobarde que estás hecha. Piensas que eres despreciable, y también que nunca más volverías a pensar.

Pero es imposible, porque ya no hay marcha atrás.

Y sigues pensando... Pero eso, ya es otra historia.

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