En fin, esta no es una entrada normal. Es una especie de dedicatoria/texto sentimentaloide/forma de recordarte cuáaaaaaaaaanto te quiero. Y ni voy a decir nombres, ni a poner fotos, ni nada de nada, con fin de mantener tu anonimato :) (aunque tampoco es que mi blog lo visite mucha gente, me creo guay y todo jajaja)
Lo primero y principal que quiero comunicarte es que no quiero bajo ningún concepto que vuelvas a decir que te odias, que eres una persona que no merece ser querida, que tienes una larga lista de razones para odiarte; y que, en definitiva, no eres alguien digno de una vida medianamente feliz. No, no quiero. Y punto. O habrá hostilidad, mucha hostilidad.
Una de las razones por las que no quiero que lo hagas es, simplemente, porque eres una de las mejores personas que he tenido el placer de conocer a lo largo de mi vida. Y créeme, que no lo digo por decir. Repito que eres absolutamente increíble, y no, no estoy loca. Eres impresionante, tienes un corazón que no te cabe en el pecho y un gran y precioso interior. Te lo digo de verdad, con el corazón en la mano. Adoro tu excesiva bondad (en alguna ocasión me has dicho que nos parecemos demasiado, y es verdad, nos parecemos en que de buenazas somos tontas, pero es lo que hay jajaja), adoro tu simpatía natural, adoro la amistad que regalas a tanta gente, adoro la cara que pones cuando hay algo que no te gusta, adoro cómo te asustas cuando me crujo los dedos, adoro cuánto te entusiasmas con cosas habituales de la vida, adoro formar parte de tu vida, adoro serte de ayuda en algunas ocasiones, adoro tu afán de ayudar a las personas, adoro que me aconsejes siempre que te es posible, adoro que seas tan cariñosa, adoro tu forma de ser. Resumiendo, te adoro a ti enterita. Es un privilegio, reitero, un privilegio, ser medianamente importante en tu vida. Y no te puedes imaginar lo feliz que me hace tener ese privilegio. Así que si al menos una persona en el mundo (y te puedo asegurar que no soy la única) piensa eso sobre ti, no debes odiarte. Debes seguir siendo como eres, porque es precisamente eso, tu forma de ser tan increíble, tan... tú, lo que te hace verdaderamente especial. Y si fueras otra persona que quizás deseas ser en este momento, no te querría tanto como te quiero ahora. Porque yo quiero a la niime auténtica, con sus defectos y sus millones de virtudes; por el simple hecho de que esa eres tú.
Y otra de las muchas razones por las que no quiero que digas que te odias es que has hecho demasiadas cosas por mí y tengo demasiadas cosas que agradecerte como para permitir que tú vayas sintiendo esas cosas por ahí. Te debo mucho, muchísimo. Y por ello te doy las gracias. Gracias por ayudarme en cada mínimo problema que me pueda surgir. Gracias por darme esos consejos, gracias por tus abrazos, tus palabras de aliento, tus muestras de cariño. Gracias por todo lo que haces por mí, que es más de lo que puedes imaginar; y siento no poder hacer por ti ni la mitad de todo lo que haces tú, pero es que es tanto que se me antoja imposible igualarte. Gracias por todo. Gracias por ser tú, gracias por ser como eres.
Te mereces lo mejor del mundo, porque tú eres lo mejor de lo mejor de lo mejor. Te mereces alguien que consiga, al menos, igualarte, porque superarte es imposible. Y repito, que eres una de las mejores personas que he conocido nunca. Lo repito ahora y lo repetiré las veces que hagan falta, hasta que te conciencies de que no tienes razones para sentirte de la forma en la que te sientes. De verdad, mi vida, que todo esto lo digo con la mano en el pecho, y no lo digo por regalarte los oídos (o en este caso los ojos).
Lo voy dejando ya, pero lo único que quiero que te quede en claro es que has de ser siempre tal como eres; porque siendo así, ya eres una persona absolutamente increíble, increíblemente especial, especialmente impresionante. Además, quiero que luches siempre por lo que quieres. Sal ahí fuera y cómete el mundo, no hay nadie que sea rival para alguien como tú, sé que nada puede detenerte; demuéstrale a la vida que eres fuertes, y que tienes razones para ser feliz. Y, sobre todo, quiero que sonrías siempre que te sea posible, y que cada vez que la vida te de un palo, tú cojas y le enseñes los dientes, le muestres la más enorme de las sonrisas y le grites: ¡SOY FELIZ, NO VAS A HUNDIRME! Acuérdate, sonríe, llorar es demasiado fácil.
PD.: Espero que me eches un pelín de menos, ya sabes jajaja.
PD2.: TE QUIERO.