29.7.11

Gracias a ti (L)

Llevo días pensando cómo lechugas empezar esta entrada. Y por más que lo pienso, no tengo ni idea. Sin embargo, casi sin darme cuenta ya la he empezado; así que, una vez lanzados al charco, vamos a seguir, ¿no crees?

En fin, esta no es una entrada normal. Es una especie de dedicatoria/texto sentimentaloide/forma de recordarte cuáaaaaaaaaanto te quiero. Y ni voy a decir nombres, ni a poner fotos, ni nada de nada, con fin de mantener tu anonimato :) (aunque tampoco es que mi blog lo visite mucha gente, me creo guay y todo jajaja)

Lo primero y principal que quiero comunicarte es que no quiero bajo ningún concepto que vuelvas a decir que te odias, que eres una persona que no merece ser querida, que tienes una larga lista de razones para odiarte; y que, en definitiva, no eres alguien digno de una vida medianamente feliz. No, no quiero. Y punto. O habrá hostilidad, mucha hostilidad.

Una de las razones por las que no quiero que lo hagas es, simplemente, porque eres una de las mejores personas que he tenido el placer de conocer a lo largo de mi vida. Y créeme, que no lo digo por decir. Repito que eres absolutamente increíble, y no, no estoy loca. Eres impresionante, tienes un corazón que no te cabe en el pecho y un gran y precioso interior. Te lo digo de verdad, con el corazón en la mano. Adoro tu excesiva bondad (en alguna ocasión me has dicho que nos parecemos demasiado, y es verdad, nos parecemos en que de buenazas somos tontas, pero es lo que hay jajaja), adoro tu simpatía natural, adoro la amistad que regalas a tanta gente, adoro la cara que pones cuando hay algo que no te gusta, adoro cómo te asustas cuando me crujo los dedos, adoro cuánto te entusiasmas con cosas habituales de la vida, adoro formar parte de tu vida, adoro serte de ayuda en algunas ocasiones, adoro tu afán de ayudar a las personas, adoro que me aconsejes siempre que te es posible, adoro que seas tan cariñosa, adoro tu forma de ser. Resumiendo, te adoro a ti enterita. Es un privilegio, reitero, un privilegio, ser medianamente importante en tu vida. Y no te puedes imaginar lo feliz que me hace tener ese privilegio. Así que si al menos una persona en el mundo (y te puedo asegurar que no soy la única) piensa eso sobre ti, no debes odiarte. Debes seguir siendo como eres, porque es precisamente eso, tu forma de ser tan increíble, tan... tú, lo que te hace verdaderamente especial. Y si fueras otra persona que quizás deseas ser en este momento, no te querría tanto como te quiero ahora. Porque yo quiero a la niime auténtica, con sus defectos y sus millones de virtudes; por el simple hecho de que esa eres tú.

Y otra de las muchas razones por las que no quiero que digas que te odias es que has hecho demasiadas cosas por mí y tengo demasiadas cosas que agradecerte como para permitir que tú vayas sintiendo esas cosas por ahí. Te debo mucho, muchísimo. Y por ello te doy las gracias. Gracias por ayudarme en cada mínimo problema que me pueda surgir. Gracias por darme esos consejos, gracias por tus abrazos, tus palabras de aliento, tus muestras de cariño. Gracias por todo lo que haces por mí, que es más de lo que puedes imaginar; y siento no poder hacer por ti ni la mitad de todo lo que haces tú, pero es que es tanto que se me antoja imposible igualarte. Gracias por todo. Gracias por ser tú, gracias por ser como eres.

Te mereces lo mejor del mundo, porque tú eres lo mejor de lo mejor de lo mejor. Te mereces alguien que consiga, al menos, igualarte, porque superarte es imposible. Y repito, que eres una de las mejores personas que he conocido nunca. Lo repito ahora y lo repetiré las veces que hagan falta, hasta que te conciencies de que no tienes razones para sentirte de la forma en la que te sientes. De verdad, mi vida, que todo esto lo digo con la mano en el pecho, y no lo digo por regalarte los oídos (o en este caso los ojos).

Lo voy dejando ya, pero lo único que quiero que te quede en claro es que has de ser siempre tal como eres; porque siendo así, ya eres una persona absolutamente increíble, increíblemente especial, especialmente impresionante. Además, quiero que luches siempre por lo que quieres. Sal ahí fuera y cómete el mundo, no hay nadie que sea rival para alguien como tú, sé que nada puede detenerte; demuéstrale a la vida que eres fuertes, y que tienes razones para ser feliz. Y, sobre todo, quiero que sonrías siempre que te sea posible, y que cada vez que la vida te de un palo, tú cojas y le enseñes los dientes, le muestres la más enorme de las sonrisas y le grites: ¡SOY FELIZ, NO VAS A HUNDIRME! Acuérdate, sonríe, llorar es demasiado fácil.

Reitero, sonríe. Siempre, cariño, siempre.


PD.: Espero que me eches un pelín de menos, ya sabes jajaja.

PD2.: TE QUIERO.

24.7.11

pensamientos accidentalmente intencionados

Un bonito día, una bonita tarde, una bonita noche, un bonito lo que sea, te encuentras en tu cama. Tirada. Sin hacer nada. Entonces, millones de sentimientos invaden tu cuerpo, y tu cabeza se comienza a llenar de pensamientos no deseados. No quieres pensar, simplemente quieres seguir como antes, con la mente en blanco. Así es todo mucho más fácil, ¿verdad? Sin embargo, una parte ciertamente masoquista de tu cuerpo desea pensar, ansía conocer las circunstancias de tu vida. Anhela conocer la verdad. A pesar de que la mayoría de tu cuerpo desea mantenerse al margen de dichos pensamientos, esa parte masoquista sale finalmente victoriosa.

Y te pones a pensar, y caes en la cuenta de que es mejor no hacerlo. Porque son cosas que duelen, cosas en las que querrías no pensar, cosas que no quieres que pasen, cosas que juegan con tu vida. Cosas que te callas, sin saber bien la razón. Y entonces maldices el momento en el que empezaste a pensar, porque ya no hay vuelta atrás y los sentimientos han empezado a hacer mella en tu interior.

Y sigues pensando en contra de tu voluntad, la cabeza se acaba de independizar del resto de tu cuerpo. Y piensas que hay cosas sin las que no podrías vivir bajo ningún concepto. Cosas de las que, sin embargo, te tienes que ir olvidando; y aparecen otras cosas a las que habrá que acostumbrarse.

Y no puedes dejar de pensar. Y descubres que lo único que quieres es irte lejos, de todo y de todos; o aislarte del mundo en su defecto. Que lo necesitas, necesitas pasar de la vida, necesitas ir a tu aire, olvidarte del mundo real, de la sociedad, y de las cosas que duelen. Y piensas que eres una cobarde, y que lo que menos quieres es olvidarte de esas cosas que te sustentan y forman una gran parte de ti. Pero también piensas que te ves obligada a hacerlo, y por consiguiente, a huir como la mísera cobarde que estás hecha. Piensas que eres despreciable, y también que nunca más volverías a pensar.

Pero es imposible, porque ya no hay marcha atrás.

Y sigues pensando... Pero eso, ya es otra historia.

22.7.11

Promesas vacías

Prometo que a partir de ahora comienza una nueva vida para mí.

Prometo que ya no te voy a echar más de menos.

Prometo que ya no voy a pensar en tus miradas, en tus besos, en tus palabras.

Prometo que voy a dejar de recordar cada día nuestro comienzo y nuestro final.

Prometo que se acabó eso de soñar contigo cada noche, prometo dejar de despertarme cada día con esa angustia acumulada, presión en el pecho y lágrimas secas en los ojos.

Prometo que ya no voy a acostarme todos los días de la semana pensando en ti.

Prometo que mis lágrimas diarias por ti ya se han terminado.

Prometo que ya no me vas a quitar el aliento cada vez que nos crucemos, que el dolor que me invade por dentro cada vez que te miro a los ojos ya no existe, que no me va a faltar la
respiración cada vez que escuche tu nombre.

Prometo que ya lo he superado, que ya formas parte de la historia de mi vida.


Prometo que no puedo cumplir promesas imposibles, por lo que prometo que no puedo prometer nada de lo que he prometido...

20.7.11

Realidades aparentes, libertades anheladas III

Parte III: Nos vemos al otro lado de la libertad

Bebí agua, me tranquilicé y continuamos con la estúpida escenita.

- Está bien- comenzó Smith-. Se la acusa de asesinato, señorita Logan.

La palabra asesinato provocó un efecto bastante chocante en mí. Más bien, me dejó en estado de shock. Fue una sensación imposible de explicar, parecida a como si se me cayera todo el mundo encima. ¿Asesinato? ¿ASESINATO? Dios mío… Aquello tenía que ser una broma de muy mal gusto. ¿A-S-E-S-I-N-A-T-O? Cuanto más la pensaba más estúpida me parecía la idea. Socorro… - pensé-.

- ¿Qué? Eso es una auténtica estup…-me apresuré a decir, antes de que me cortara el hostil agente.

- No me interrumpa. Ahora, hablamos nosotros, lo debería tener ya muy claro.

- Continúo yo-apuntó Fisher-. Hemos recibido información, denuncias y alguna que otra posible prueba de que usted es la responsable del asesinato de Mr. Bryan, un profesor de la universidad de Cambridge, de nuestra universidad.

- ¿Por qué iba yo a asesinar a ese profesor?

- ¿Ha estudiado usted alguna carrera, señorita Logan?- preguntó Smith-.

- Sí, me licencié en periodismo en la universidad de Cambridge hace seis meses.

- Curiosa coincidencia… ¿Fue Mr. Bryan profesor suyo?

- Quizá durante alguno de los años me diera alguna asignatura, sí.

- ¿Quizá?

- ¡No lo sé! No tengo buena retentiva para los nombres, y menos si son profesores.

- ¿Suspendió alguna asignatura, Lucy?- preguntó Fisher-.

- Sí, me quedó una en segundo de carrera, la recuperé al año siguiente. ¿A qué viene todo esto?

- ¿Era Mr. Bryan su profesor en esa asignatura?

- Posiblemente. ¡Oh, no puedo soportar esto! Yo no he sido, por el amor de Dios… ¡Si estuviera aquí Paul os podría decir lo buena que soy!-Paul era mi novio-.

- ¿Posiblemente?

- ¿Cuál era el nombre de Mr. Bryan?

- Charlie, Charlie Bryan-respondió Smith-.

- ¿Charlie? Sí, fue mi profesor durante aquél año. Oh, mi querido Paul, si estuvieras aquí…

- ¡No me interesa Paul!-gritó Smith-.

- No diría usted eso si lo conociera. Es tan gentil, amable, cariñoso… ¡Es tan increíble!

- Señorita, ¡por favor! Vamos a lo que vamos. ¿Dónde estaba usted ayer por la noche?

- En casa, con Patty.

- Hay vecinos que afirman que usted salió de su casa a las doce de la noche, vestida de negro y muy nerviosa-apuntó Fisher-.

- Salí a tirar la basura, y claro que estaba nerviosa. Me acababa de pelear con Paul. ¡Menos mal que después me llamó y arreglamos las cosas! Oh, es tan, tan adorable…

Sí, estaba bastante obsesionada con Paul. Lo echaba de menos, y temía no volverlo a ver.

- ¡Deje ya a Paul!-exclamó el agente Smith-. Señorita Lucy, ¿está usted segura de no haber asesinado a Mr. Bryan?

- Claro que sí. ¿Por qué iba a hacerlo?

- Porque era su profesor, lo odiaba y le suspendió durante todo un año. Por su culpa tuvo usted que repetir esa asignatura al año siguiente, lo que no le sentó nada bien. Además, hay fuentes que afirman que era la pareja sentimental de su viuda madre. Y, por si fuera poco, las iniciales L.L. estaban escritas en el cuerpo de Bryan.

- ¿Que Charlie estaba con mi madre? Mamá, por favor, cuántas veces te he dicho que con esa clase de hombres, no…

- ¿Esa clase de hombres? ¿Es que tiene algún problema con Mr. Bryan que nosotros no sepamos?

Me habían encerrado, no tendría cómo escapar. Ya no me creerían, y no podía soportar la idea de que me encerraran cuando yo era inocente. Entonces, como si un ángel la hubiera mandado desde el cielo, una agente entró en la habitación.

- Smith, Fisher, no hace falta que sigáis. Han encontrado al verdadero asesino, un tal Lazarus Lynn. Pueden soltar a la joven-informó la agente-.

- ¡Vaya! ¡Por fin alguien con un poco de cordura en esta comisaría!

- Cachis, ya la tenía… Está bien, Margaret, puede irse. Y usted, Logan, ha tenido suerte- dijo Smith mientras me quitaba las esposas. Por fin libre-.

- Ya se puede ir, Lucy. Gracias por su colaboración-se despidió Fisher-.

- Adiós. Me gustaría dar las gracias, pero no lo veo necesario-dije disgustada y saboreando la libertad-.

Salí de la comisaría tan rápido como pude, y volví a sentir el aire en mi rostro. Libertad, bendita libertad. No había estado arrestada más de tres horas, pero fueron las suficientes para hacerme creer que no volvería a ver la luz del sol. Acto seguido, cogí mi móvil y llamé a Paul, quería que me recogiera.

- ¿Paul? Oh, ¡cariño! Necesitaba tanto oír tu voz…

- ¿Lucy? ¿Estás bien? ¿Ha pasado algo?-dijo mi novio preocupado-.

- No te vas a creer lo que ha pasado. Estoy en comisaría, he estado tres horas arrestada y he sido acusada de un asesinato. Ya me han soltado, ¿puedes venir a recogerme y te lo cuento con más tranquilidad?

- ¿Qué? Ahora mismo voy para allá-se apresuró a contestar Paul. Menos mal que lo tenía a él.- No te muevas de allí, cielo.

- Está bien, te espero aquí mismo. Muchas gracias…

- No tienes que darlas y lo sabes.

- Ay, menos mal que ya se ha acabado todo-le comenté en un suspiro ahogado mientras bajaba las escaleras de comisaría. Pensaba esperar a Paul sentada en la acera, lo más alejada posible de aquél infierno lleno de agentes hostiles, rancios y mudos.- ¡Es tan fácil que te descubran cuando has cometido un asesinato!


FIN

M.