- Echo de menos...
- Oh, vamos, ¿qué echas de menos? No puedes añorar nada que nunca has tenido, no puedes echar de menos algo que no has tenido la oportunidad de poseer. Algo que nunca has visto entre tus manos, algo que nunca has sentido tuyo.
- ¿Tuyo?
- Sí, tuyo. Tan tuyo que lo sientes como una pequeña... ¿qué digo pequeña? Como una gran parte de ti. Tan tuyo que, ni aun estando a miles de kilómetros de distancia, dejas de sentirlo a tu lado, tocando, acariciando tu piel, acercándose cada vez más a tu interior hasta alcanzar la mejor de todas las compenetraciones y fusionándose así contigo, con tu alma. Tan tuyo que los pronombres mío y tuyo dejan de tener sentido por separado, y sólo pueden existir de forma conjunta, formando un solo e incorruptible ser en el nuestro. Tan tuyo que incluso el nuestro se queda corto para expresar lo que sientes. Tan tuyo que todo a tu alrededor carece de sentido sin el propio tuyo, sin el mío, sin el nuestro. Tan tuyo que forma una parte de ti, como si fuerais una sola persona.
- Tienes razón. ¿Cómo puedo añorar algo que nunca he sentido como algo mío? Verás... El problema es que nunca lo he tenido y ya lo siento así. Y ya lo echo de menos. Y ya me falta... Y ya me mata por dentro su ausencia. ¿Qué hay del nuestro?
- Es lo que tiene el nuestro, que te completa y te da sentido cuando lo tienes, o te mata cuando te falta. Inexplicable, imprevisible, cambiante, indispensable.
- ¿Tanto que hace que esté llorando a las 3:30 de la madrugada mientras escribo sobre él?
- Por supuesto. Y tanto que no sepas cómo acabar este absurdo diálogo.
- Te odio, me odio...
Mismonólogosyoymicircustancianosdespedimoshastalapróximaparanoiamental.
- Oh, vamos, ¿qué echas de menos? No puedes añorar nada que nunca has tenido, no puedes echar de menos algo que no has tenido la oportunidad de poseer. Algo que nunca has visto entre tus manos, algo que nunca has sentido tuyo.
- ¿Tuyo?
- Sí, tuyo. Tan tuyo que lo sientes como una pequeña... ¿qué digo pequeña? Como una gran parte de ti. Tan tuyo que, ni aun estando a miles de kilómetros de distancia, dejas de sentirlo a tu lado, tocando, acariciando tu piel, acercándose cada vez más a tu interior hasta alcanzar la mejor de todas las compenetraciones y fusionándose así contigo, con tu alma. Tan tuyo que los pronombres mío y tuyo dejan de tener sentido por separado, y sólo pueden existir de forma conjunta, formando un solo e incorruptible ser en el nuestro. Tan tuyo que incluso el nuestro se queda corto para expresar lo que sientes. Tan tuyo que todo a tu alrededor carece de sentido sin el propio tuyo, sin el mío, sin el nuestro. Tan tuyo que forma una parte de ti, como si fuerais una sola persona.
- Tienes razón. ¿Cómo puedo añorar algo que nunca he sentido como algo mío? Verás... El problema es que nunca lo he tenido y ya lo siento así. Y ya lo echo de menos. Y ya me falta... Y ya me mata por dentro su ausencia. ¿Qué hay del nuestro?
- Es lo que tiene el nuestro, que te completa y te da sentido cuando lo tienes, o te mata cuando te falta. Inexplicable, imprevisible, cambiante, indispensable.
- ¿Tanto que hace que esté llorando a las 3:30 de la madrugada mientras escribo sobre él?
- Por supuesto. Y tanto que no sepas cómo acabar este absurdo diálogo.
- Te odio, me odio...
Mismonólogosyoymicircustancianosdespedimoshastalapróximaparanoiamental.
No hay comentarios:
Publicar un comentario