Marian tenía sus buenos y sus malos momentos, como todos. Pero últimamente los buenos momentos no se prodigaban mucho por su vida; y Marian se sentía más vacía a cada día que pasaba. La desesperación comenzaba a reinar su vida, el hastío carcomía su interior sin piedad alguna, el vacío se fue convirtiendo poco a poco en su mejor amigo. Marian no se había sentido tan sola en todos los días de su vida. Clavaba su iris verde en la pupila de todas las personas que la rodeaban (que no eran pocas), y, aún así, seguía sintiéndose sola. ''No estás sola, Marian'', solían asegurar los dueños de las susodichas pupilas. Cuando escuchaba aquello, lo único que deseaba hacer Marian era gritar a los cuatro vientos: ''¡Sé que no estoy físicamente sola! Pero me siento sentimentalmente, interiormente, psíquicamente, MORALMENTE SOLA. No necesito mirar alrededor y verme acompañada. Necesito cerrar los ojos y no sentirme sola, irme a una isla desierta y saber que la soledad no me acompaña. Necesito cerciorarme de que aunque esté físicamente sola, tengo algo a lo que aferrarme y seguir viviendo. Porque esto no es vivir''. Pero como Marian no era grosera, no lo gritaba. Asentía. Y sonreía. Siempre sonreía.
En más de una ocasión, Marian me llegó a relatar cómo tenía la miserable capacidad de perder todo lo importante en su vida. ''Me paso un cuarto de mi vida sin darme cuenta de lo realmente importante. Otro cuarto me dedico a perderlo. Y la mitad que queda, estoy lamentándome de la pérdida sin buscar nada más a mi alrededor'', me dijo un día entre lágrimas. Pobre Marian, nunca había visto una mirada tan triste como aquella, a pesar de provenir de unos ojos hermosamente coloreados de verde. ''Ya no sé cómo hacerlo. No sé cómo tomarme la vida. No sé cómo jugar a este juego, voy perdiendo. Me estoy perdiendo en mi propia vida...'', recuerdo cómo Marian me abría su hastiado corazón aquella noche. ''Me retiro. Esto no es para mí. Me retiro de la vida'', continuaba. ''No sé, no sé, no sé... No sé cómo hacerlo, no sé nada'', repetía una y otra vez tumbada en el sofá hasta que se durmió con las mejillas empapadas y las ojeras marcadas.
Es difícil, es muy difícil definir el estado de Marian. Ninguna palabra es la idónea: soledad, desespreación, hastío, vacío, ansiedad, amargura, melancolía, tristeza... Quizá una mezcla de todas ellas fuera la palabra idónea.
''Sigue intentándolo, Marian. No puede estar todo perdido'', me había atrevido a comentarle en una ocasión. ''¿Qué te crees, que no me levanto cada mañana diciéndome: sal ahí fuera y cómete el mundo, Marian? ¿Convenciéndome de que va a ser un buen día y va a ir todo bien? ¿Gritándome al espejo que valgo la pena y que no merezco estar así? ¡Claro que sí! Pero siempre acabo el día odiándome un poco más que el anterior, mirando mi rostro reflejado en el espejo y diciéndole: NO SIRVES PARA NADA. No soy como los demás, no soy ni tan siquiera diferente. Hay personas diferentes que se parecen y encajan entre sí. Yo no encajo en ninguna parte. Este mundo no está hecho para mí'', me contestó. Se me pusieron los vellos de punta. ''Socorro. Ayúdame. Esto no es vivir. Esto no se puede considerar vida. So-co-rro'', continuaba mientras se le inundaban los ojos de lágrimas. ''Vivo sin vivir en mí, y tan alta vida espero, que muero porque no muero. ¡Ay, qué larga es esta vida, qué durps estos destierros! Esta cárcel, estos hierros, en que el alma está metida. Solo esperar la salida me causa dolor tan fiero, que muero porque no muero'', concluyó entre sollozos recitándome fragmentos del poema de Santa Teresa de Jesús que tanto le gustaba.
Es difícil, es muy difícil definir su situación. Sonreía, parecía feliz. Pero desesperaba, rabiaba, se le escapaba el alma de su cuerpo, se le iba todo de las manos. Le dolía la vida, a Marian le dolía la vida. Marian no quería la pena de nadie, Marian deseaba volver a sentirse viva. Marian quería volver a sonreír con una razón para hacerlo, Marian anhelaba sentir la sonrisa en su interior.
Es difícil; repito, muy difícil definir la situación de Marian. Es difícil definir el estado de una persona que escribe relatos en tercera persona de su propia vida. Es difícil entender cómo se sentía Marian, cómo me siento yo.
Es muy difícil vivir así, porque esto no es vivir. Es muy, muy difícil comerse el mundo cuando el mundo me está devorando a mí. Socorro. So-co-rro.
A veces es mas facil de lo que piensas que alguien entienda como te sientes, yo tambien me senti. Solo digo que las cosas cambian siempre, y que ahora estaras mal, pero pronto te sentiras mejor.
ResponderEliminarY por cierto, vales un monton y te adoro (L)
Sí, supongo que todo volverá a cambiar de nuevo. Gracias, sabes que yo también te adoro.
ResponderEliminarY eso de que valgo mucho es muy discutible (L)