Ya no lo quiero, es cierto, pero tal vez lo quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.
Accidentes Intencionados
Pequeños accidentes que conforman toda la vida. Pequeños accidentes que se convierten, casi sin querer, en accidentes intencionados. Accidentes intencionados cargados de mucha premeditación, pero nada de alevosía.
12.1.15
17.11.14
Cuando las palabras no fluyen.
Llevo tiempo pensando en cómo enfocar esta entrada. Sin ir más lejos, llevo mucho tiempo pensando en escribir esto. Y, quién sabe por qué, hasta este momento no me he atrevido. Incluso ahora presiono las teclas con reticencia, con un miedo que pocas veces he sentido a la hora de escribir.
La verdad es que me pregunto cuál ha sido la motivación final que he encontrado para hacerlo. El hecho es que la he encontrado y aquí estoy, aunque ni siquiera sé si publicaré esta entrada o por el contrario la guardaré como borrador y se quedará ahí, guardada en el cajón, escondida de todo y de todos.
Escondida de todo y de todos. Tiene gracia. Así es como me gustaría estar en muchas ocasiones, durante muchos días al mes y muchos meses al año. Días complicados, difíciles, en los que las palabras no han fluido todo lo 'bien' que deberían. O todo lo 'bien' que podrían. Parece que me refiero a una conversación con alguien, a que el chico que me gusta no me habla o que mi amor platónico no ha cruzado conmigo las tres palabras de rigor. Pero no, nada más lejos de la realidad. Esta no es una de esas entradas.
Aunque si lo miramos por otro lado bien podría serlo. Es la conversación con nadie y con todos a lo que me refiero. Llegados a este punto es difícil seguir sin decir cuál es el tema del que he venido a hablar. O a escribir en su defecto, porque hablar no es algo que se me dé especialmente bien... dejémoslo en que no es algo que se me dé especialmente.
Pues bien, el día 22 de octubre fue el Día Internacional de la Tartamudez. #22O y todo eso. Si me seguís por Twitter quizá viérais algo relacionado con ello (yo sigo empeñada en hablaros como si fuérais miles los que leéis mi blog, pero me doy con un canto en los dientes si esto lo lee una sola persona aparte de mí. Y de mi madre, claro. Hola, mamá). Y sí, sé que estamos a 17 de noviembre, que el 22 de octubre fue hace casi ya un mes y que llego un poco tarde. Es algo que pensé hacer en su día pero por unas razones o por otras no me he decidido hacer hasta hoy. Y bueno, dicen que nunca es tarde si la dicha es buena, así que con que la dicha sea solo regular, me conformo.
Ha llegado el momento de decirlo. Y lo haré como lo hizo mi amigo Pablo Pacman en su maravilloso vídeo: Soy tartamuda. Y tú no.
Y porque no llevaba sombrero pero me lo habría quitado mil y una veces cuando lo ví. Me lo habría quitado y me lo habría vuelto a poner para volvérmelo a quitar. Creo que el vídeo debería llamarse 'Cómo resumir la vida de un tartamudo en 5 minutos'. Habría hecho un vídeo yo también, pero no tengo ni su valentía ni su capacidad de expresión ni, por qué no decirlo, su voz.
Así que he optado por esto. Quizá lo que más me guste del vídeo sea el humor con el que se lo toma. Y es que es algo que nos define, al menos, a los tartamudos que conozco. No nos queda otra que tomárnoslo con humor. Como dije un día, somos una casta de luchadores. ¿Quién se va a reír mejor de los tartamudos, que nosotros mismos? Mirad, ya es lo suficientemente difícil vivir con esto. Vivir sabiendo que vas a tener una traba a la hora de hablar para el resto de tu vida. La tarea más cotidiana del mundo, como es hablar, y una de las necesidades más básicas, como es la comunicación, se convierte en la más ardua de las tareas y el mayor de los retos para nosotros. Suficiente carga es no poder articular dos frases sin tartamudear y saber que eso es lo que nos espera para toda nuestra vida. Como decía, ya es lo suficientemente difícil como para encima tener que enfadarnos por las bromas que nos hacen. ¡Si tú haces un chiste sobre mi tartamudez, seguro que tendré preparado uno mejor!
Pero no es fácil. No es fácil llegar a cambiar el chip para tomártelo así. La época de tu vida en la que te preguntas por qué te ha tocado esto y por qué encima la gente se ríe de ti, es, hablando en plata, una mierda. Te dices que no es culpa tuya, que quieres hablar bien, que no habría nada en el mundo que desearas con más fuerza. Pero es en vano. La propia autosuperación nos hace llegar a este punto.
Sacamos fuerzas de donde no las hay para levantarnos cada mañana sabiendo que en el momento que menos te lo esperes tartamudearás, te bloquearás, te quedarás con cara de imbécil mientras esperas a que salga la palabra que tiene que salir y no sale. Que hoy quizás tengas un mal día y tartamudees mucho, pero igual mañana tienes un día peor o mejor. Depende. Todo depende. Y ojo, no soy logopeda ni tengo conocimientos de esta ciencia. Sé que hay muchos tipos de tartamudez, y mucha historia detrás de ella, pero lo único que deseo es que cualquiera que lea esto tome conciencia y se ponga en los zapatos de cualquier tartamudo de a pie.
Podría hacer una larga lista de las cosas que más me cuestan a mí como tartamuda, pero me tiraría aquí hasta mañana y esto lo leería poca gente. Para tochos así ya está cualquier libro (seguramente mejor escrito que esto y mil veces más entretenido). Probablemente encabezaría la lista hablar en público. Tan solo superado por hacer exposiciones. También habría cosas como hablar en un grupo con mucha gente, hablar con alguien desconocido, hablar estando muy nervioso... Pero nunca hablar solo, conmigo misma, hablar haciendo un personaje o cantar, como bien explica Pablo en el vídeo. Pero el denominador común es hablar. Pensadlo. La base de la comunicación verbal es un reto continuo para mí.
Y si ahora hago una lista de las cosas que me dan miedo como tartamuda, seguramente una de las pocas sería aburrir a la gente cuando hablo. Un miedo que a día de hoy sigo teniendo. Y es atroz. También quizá miedo a la reacción de alguien cuando tartamudeo o cuando me bloqueo. O miedo a que me acaben la frase. Por favor, no le acabéis la frase a un tartamudo si no lo véis completa y absolutamente necesario. Él seguro que sabe lo que tiene que decir, lo único que pasa es que no sale. Ya saldrá. No hay prisas.
Creo que ha quedado bastante clara mi postura y el deseo que tengo al escribir esto: que cualquier persona que lo lea sea un poco más consciente de cómo nos sentimos y cómo es nuestra vida. Si bien el fin último de escribir siempre sea desahogarme y disfrutar con el proceso, aunque no lo lea nadie, esta entrada va un poco más allá.
Me dejo cosas en el tintero, pero sé que esta no es la única entrada que escribiré sobre el tema, así que por ahora lo dejo aquí. Solo con que una persona lea esto por completo y aprenda algo nuevo, me doy por satisfecha. Así que, si has llegado hasta aquí, muchísimas gracias. De corazón. Desde lo más profundo del corazón de una tartamuda, que es igual que el corazón de una persona que no es tartamuda, pero queda más cool.
Ahora que me doy cuenta, de algo segurísimo que sí ha servido esta entrada - he descubierto la motivación que me impulsó a empezarla. Y quién sabe, quizá las fuerzas para escribir más frecuentemente y hacer de esto algo más que un esporádico (muy esporádico) hobby.
Me dejo cosas en el tintero, pero sé que esta no es la única entrada que escribiré sobre el tema, así que por ahora lo dejo aquí. Solo con que una persona lea esto por completo y aprenda algo nuevo, me doy por satisfecha. Así que, si has llegado hasta aquí, muchísimas gracias. De corazón. Desde lo más profundo del corazón de una tartamuda, que es igual que el corazón de una persona que no es tartamuda, pero queda más cool.
Ahora que me doy cuenta, de algo segurísimo que sí ha servido esta entrada - he descubierto la motivación que me impulsó a empezarla. Y quién sabe, quizá las fuerzas para escribir más frecuentemente y hacer de esto algo más que un esporádico (muy esporádico) hobby.
Hast-t-t-ta l..........la p-p-próximmmma.
M.
14.6.14
Magia
Necesito volver a las letras, a las historias, a la pluma y al papel. También me sirven teclas y pantalla, no te sientas discriminado, dear laptop.
Dejar mis dedos trabajar por mí, hacer volar a la mente hasta límites insospechados. Cerrar los ojos mientras escribo, mientras mi imaginación encuentra lugares sorprendentes donde divertirse y crear nuevas historias. Historias irreales en el mundo real pero reales en mi imaginación, donde, por un momento, el mundo real se transforma en irreal y lo único que valen son las letras, las palabras, las frases, las metáforas, las anáforas, y, si me apuras, los paralelismos.
Necesito regresar a este rincón para esconderme durante varios minutos de la fría, hostil y violenta realidad que me rodea. Llamémoslo mundo, llamémoslo planeta Tierra, llamémoslo sociedad, llamémoslo país en crisis, llamémoslo problemas políticos, llamémoslo hipocresía, llamémoslo demagogia barata, llamémoslo violencia, llamémoslo época de exámenes, llamémoslo folios, apuntes y diapositivas que estudiar. Llamémoslo agobios, carrera, dolores de cabeza y ganas de llorar. Y, por qué no, llamémoslo momentos felices, risas, lágrimas de alegría y las mejores compañías.
Pero quiero que por un tiempo lo único válido sea esto. ESTO. Este fluir de letras, el sonido de las teclas y mi mente volando al infinito y más allá. ¿Que tendría que estar estudiando? Sí. Pero eso ahora mismo no importa. Lo que importa es esto que está pasando ahora mismo. Algunos lo llamarán escribir, otros, ingenuos, lo denominarán la actividad más aburrida del mundo. Yo prefiero considerarlo magia. No hay nada más mágico que crear algo desde cero. Desde la blancura del documento de texto más blanco, hasta la preciosidad de un escrito, lleno de palabras que hacen frases y frases que hacen párrafos. Y párrafos que conforman un texto, donde cada letra, cada palabra, cada frase, cada punto y cada coma se juntan para cobrar sentido y contarte la historia más maravillosa del mundo. O quizá no, pero sí mágica, porque ha sido creada desde cero, y la persona que la ha visto nacer y crecer es la que más lo ha disfrutado.
Y eso es lo importante. Quizá esto no tenga los mejores escritos del mundo, ni las historias más interesantes. Pero la escritora se evade del mundo real cada vez que viene aquí a refugiarse: de la realidad externa e interna. De mi realidad, de mi persona. Y es lo que me hacía falta. Aquí dentro todo sienta mejor, todo mejora, todo a mi alrededor desaparece por unos ansiados instantes.
Tras años sin escribir vuelvo con más ganas que nunca. Lo necesitaba. Y mis dedos, y mi mente, que vuela más alto y más rápido que cualquier mente en el mundo.
Soy un mago que fue despojado de su varita mágica hace dos años. Y hoy, como por arte de magia, la ha recuperado, para con sus alas volar, y volar, y volar.
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